Su juguete predilecto
En el artículo anterior explicamos por qué se sienten tan unidos a sus mascotas, los muñecos de peluche, y por qué resulta tan difícil, si no imposible, hacer que un pequeño renuncie a su viejo y descolorido osito, aunque les demos a cambio uno nuevo y reluciente. Arrojarlo al cesto de los residuos o hacerlo desaparecer sin su consentimiento puede dar lugar a un disgusto más que considerable. Y lo mismo si se nos ocurre meterlo en el lavarropa sin su permiso.
Pero no todos los niños eligen un osito por compañero. Algunos prefieren un muñeco de trapo y otros pueden sentir especial predilección por una manta, una sábana, un almohadón o un simple trozo de tela. Y no hay argumentos válidos para explicar la razón de tales preferencias. Lo único cierto es que cuando un niño se decide por un deteminado objeto, le guardará lealtad durante mucho tiempo, generalmente hasta que alcance la edad escolar y, a veces, incluso lo seguirá conservando años después.
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