Madres y bebés egoístas
Los bebés son egoístas. Buscan la satisfacción de sus necesidades... su placer. Si se sienten mejor con su madre, harán todo lo posible para estar con ella el mayor tiempo posible. Y cuando se ausenta, sufren. “Siempre que me voy de viaje, mi hija padece algún catarro o diarrea”, comenta Pilar. La niña echa de menos a su madre y bajan las defensas de su organismo.
Los niños han de aprender a sobrellevar las ausencias de su madre so-pena de convertirse en enmadrados, timoratos y poco abiertos hacia los demás. Además, han de saber que cuando ella se va, vuelve. Si no se va nunca… ¿cómo pueden comprobarlo? Éste no es un asunto menor. Gracias a la ausencia, el niño empieza a elaborar la imagen mental de su madre. Un paso importante que le ayudará a diferenciarse de ella, a sentirse una persona con yo propio.
De sobrevivir gracias a los constantes cuidados de su madre, de no tener conciencia de su individualidad, el bebé de un año pasa a comportarse como una personita. No solamente empieza a caminar, sino a comer de todo. También a hablar. Sigue siendo un ser muy dependiente pero sus horizontes se amplían. En la mayoría de los casos, ha vivido ya una importante separación de su madre: el destete.
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