Posts Tagged ‘Primeros meses’

Luces y sombras para el recién nacido

La capacidad del recién nacido para diferenciar el contraste luz-sombra se debe al hecho de que ya desde el séptimo mes de vida intrauterina se desarrollan los bastoncillos o bastones (las células de la retina capaces de percibir la luz pero no el color).

De todos modos, durante el primer mes de vida maduran también las otras células de la retina: los conos, que perciben el color pero no la luz. Así pues, el niño, desde los primeros meses, puede ya ver los objetos más cercanos y diferenciar sus colores.

La coordinación de los movimientos oculares

La posibilidad de usar ambos ojos, función que se debe a la coordinación de los músculos externos que controlan los movimientos del globo ocular, se manifiesta hacia los tres meses y se completa hacia el primer año de vida.

Por su parte, la capacidad de percibir el sentido de profundidad, que presupone una perfecta coordinación entre el sistema nervioso y los músculos, para el perfecto enfoque de la imagen en la mácula (zona oval situada en el polo posterior, al fondo del ojo), y el completo desarrollo del área visual del cerebro, que permite enfocar exactamente y fundir las imágenes procedentes de las retinas de los dos ojos, se verifican hacia los 6 u 8 meses.

Congelar la comida, una opción saludable para niños

Los pediatras recomiendan una alimentación saludable y equilibrada, rica en proteínas, vitaminas y minerales. El secreto para una dieta infantil es el alto consumo de vegetales, frutas y carnes, sin olvidar los cereales y algunos productos con harina.

Ahora bien, en los tiempos que corren y dada la escacez de tiempo es difícil cocinar sano pues los productos saludables sontambién los que requieren mayor tiempo de elaboración. Por esa razón, se recomienda apelar a las comidas congeladas pero no hablamos de comprarla en el supermercado sino de elaborarla con nuestras propias manos.

No hace falta perder todo un día cocinando comida para luego llevarla al frigorífico. Apenas es cuestión de ser un poco organizadas. Así es como al momento de cocinar vegetales puedes cocinar una gran cantidad para luego distribuirlos en pequeñas porciones en envases herméticos y llevarlos al frigorífico. Puedes mezclar vegetales o bien guardarlos en forma separada. Incluso puedes cocinar carne y luego cortarla en trozos pequeños o picarla para luego guardarla. Las raciones te permitirán llevar un conteo semanal para así saber cuantas cenas o almuerzos te quedan y asegurarte que tu hijo coma sano.

Duración del baño del bebé

¿Cuánto tiempo debe durar el baño?

Para los bebés y niños pequeños, el baño suele ser el momento del día más divertido y placentero. Por eso, es importante bañarlos sin apuro y permitirles que puedan jugar y patalear a sus anchas durante un rato.

Estos ejercicios son buenos porque tonifican las piernas y sirven de preparación para cuando comiencen a dar los primeros pasos.

En cuanto a la duración del baño, depende fundamentalmente de la temperatura del agua. De cinco a diez minutos suelen ser suficientes; si quieren estar más tiempo, conviene agregar agua caliente (nunca hirviendo) y asegurarse de que la habitación se mantenga caldeada (no menos de 20 grados).

Los deseos del bebé

Cumplir las expectativas del bebé también implica saber reconocer y aceptar cuándo desea que lo dejen en paz. El exceso de estímulos molesta mucho a los bebés, En concreto los recién nacidos son muy sensibles al exceso de luz, ruidos… y envían señales claras. Por ejemplo, dan vuelta la cabeza cuando no quieren recibir caricias o empiezan a llorar si se los mira con demasiada insistencia a los ojos. Ser sensibles a sus necesidades conlleva estar atentos a estas reacciones y actuar en consecuencia.

Estar siempre cerca, saber escuchar, tener paciencia, ser afectuosos, derrochar comprensión, transmitir seguridad… A veces todo esto requiere un enorme sacrificio. Pero merece la pena. Lo que se consigue en este período tiene repercusión en el resto de la vida. Los bebés que crecen sintiéndose seguros y confiados, después, son niños más independientes.

Además, pueden concentrarse mejor, juegan con más fantasía, les resulta más fácil entablar relaciones con otros niños, desarrollan un elevado sentimiento de autoestima y son menos agresivos. Todas esas son virtudes que los padres desean para sus hijos. Y que los recompensan por el esfuerzo realizado en esta agotadora etapa.

Cómo actuar ante el llanto

Para el niño es gratificante que sus padres sean capaces de mantenerse calmos en los momentos más difíciles,

En ciertas ocasiones, cuando el bebé se siente mal, en vez de intentar parar su llanto por todos los medios, lo que necesita es una persona que se limite a estar con él y conserve la tranquilidad. Alguien que lo tenga en brazos mientras llora o que se siente junto a su cuna y se quede allí, en silencio, acariciándole la cabecita. Eso lo tranquiliza mucho.

Sin embargo, el llanto desconsolado de un niño y no saber cómo apaciguarlo puede hacer que los padres se desesperen y les estallen los nervios. Entonces, en lugar de ternura y afecto, el pequeño recibe una demostración de enojo (por haber interrumpido su sueño, por la impotencia que da no saber qué hacer). Naturalmente, el bebé percibe el cambio; aunque no pueda comprender el significado de las palabras, se da cuenta de que el tono de voz es distinto, nota que las manos no son tan delicadas, que la actitud no es tan cariñosa como siempre… Pero eso no le hace perder la confianza, ya que reconoce la situación como un desliz.

Darle amor al recién nacido

Una situación frecuente es cuando los padres se desesperan porque el niño ha comido bien, ha dormido mucho, su colita está seca… y no deja de llorar. Y es que a veces se olvida que las necesidades del bebé no son sólo físicas, sino también afectivas. Por ejemplo, un recién nacido puede protestar porque se siente solo y reclama a su madre (el contacto corporal es tan importante y vital como el alimento).

El bebé no nace con capacidad de decisión y las experiencias le vienen dadas; si no hay un adulto que desee comunicarse con él, se queda apagado y triste, y esa carencia puede marcarlo de por vida en el ámbito afectivo. Es como no poner a una planta abono: crece, pero no de igual forma.

El niño necesita un ambiente cálido y acogedor, y los padres no deben privarle de muestras de cariño y ternura, de besitos, palabras amables, caricias y abrazos que hacen que el bebé se sienta querido. El amor es uno de los pilares sobre los que se asienta la confianza.

El vínculo con el recién nacido

El recién nacido es un ser completamente desvalido, que depende por entero de sus padres. Sin sus atenciones y afecto no podría sobrevivir. Eso alimenta en él un sentimiento de confianza, que se va consolidando a lo largo del primer año y que es de vital importancia. Si el niño puede confiar en las personas que lo cuidan, no verá el mundo como un lugar amenazador y aprenderá a confiar también en los demás. Para que esto sea así, hay que dar al bebé lo que precisa en cada momento.

El bebé necesita a alguien junto a él, que sea sensible a sus demandas y le transmita carino y seguridad. Esta persona suele ser la madre. Entre ella y el recién nacido existe un fuerte vínculo afectivo, que se establece incluso antes del nacimiento. Cuando la relación entre ellos es estrecha y sólida, el bebé se siente a gusto y protegido, y se vuelve confiado.

Cuando el bebé llora

Cuando llora, está diciendo que algo le pasa (este mecanismo garantiza su supervivencia), sólo que muchas veces no es fácil adivinar de qué se trata. Por eso, sobre todo al principio, hay que esforzarse en descifrar ese lenguaje, observando y escuchando lo que el bebé demanda en cada momento.

Por ejemplo, ¿llora porque tiene hambre? ¿Porque tiene el pañal mojado? ¿O acaso porque tiene gases? ¿Siente frío o tiene calor? ¿Está incómodo y le gustaría que lo cambiáramos de postura? ¿Quiere que lo acunemos porque no puede dormir? Por fortuna, con el tiempo, casi todo los padres son capaces de distinguir al instante los diferentes llantos. Y eso es importante.

Experimentar una contrariedad tras otra (“tengo hambre y quieren que me duerma”, “tengo sueño y me dan la teta”) a la larga crea confusión y desconfianza en el bebé. Ahora bien, tampoco deben sentir remordimientos los padres que en alguna ocasión cometen un error al interpretar el mensaje. Eso no va a trastrocar la confianza que su hijo tiene en ellos.

Atender al recién nacido

A un recién nacido hay que atenderlo en forma rápida y eficaz.  Y eso requiere saber interpretar su lenguaje. Las necesidades de un bebé no pueden ser aplazadas. Si está hambriento, tiene frío o está asustado, hay que poner remedio sin dilación. Esa es la mejor manera de demostrarle que está en buenas manos, que puede confiar en sus padres porque están ahí cuando él los necesita.

La teoría de que hay que dejar llorar a los niños, porque de lo contrario se malcrían, no tiene ningún fundamento. Cuando un recién nacido llora, sea cual sea el motivo, hay que acudir enseguida y darle el consuelo que precisa lo antes posible (a partir de los seis meses, ya no hay que correr a su lado al primer gemido y no pasa nada si alguna vez lo hacemos esperar un poco).

Reaccionar enseguida a las demandas del bebé plantea no pocas dificultades. Mientras el niño no pueda expresarse con palabras, el llanto es su principal medio de comunicación.

El oído en el bebé de 3 meses

En el niño de 2 ó 3 meses se debe comprobar ante todo si se sobresalta cuando se produce a su alrededor algún sonido imprevisto. Además, es importante observar cómo reacciona ante los ruidos o sonidos intencionados: cuando se agita una campanilla, un sonajero, cuando se dan palmadas, etc. En caso de normalidad auditiva, el niño volverá la cabeza en la dirección del objeto que produce el ruido.

Si se trata de un niño ya algo mayor, los padres han de controlar cómo reacciona el pequeño ante los diferentes sonidos y si empieza él mismo a emitirlos (es decir, si vocaliza).

Para comprobar si el niño es capaz de localizar el origen del ruido (al menos en un plano horizontal), debéis actuar de este modo: la mamá tiene en brazos al niño, otra persona se sitúa frente a él para atraer su atención, mientras que una tercera persona, situada detrás de la madre, emite sonidos -de diferente intensidad y frecuencia- a la derecha y a la izquierda del pequeño. El niño con un oído normal girará la cabeza alternativamente a derecha e izquierda.

show
 
close
El embarazo en el octavo mes http://t.co/assEpqJM #juguetes